Oscurece en La Vega de Boñar.
Para coger el sueño repaso vuestros nombres: Lucas, Nashira, Jaime, Claudia, Alicia, Nairon, Jessica, Álvaro, Ana, Aitana S, Nadia F, Isabel, Manuel G, David, Adrián; Pablo H, Lucía, Ainhoa, Toni, Alejandro; Manuel C, Aitana F, Emma, Aitor, Nadia G, Pablo Z, Miguel G, Iyán , Vanesa, Pablo G, Rubén y Nicolás.
Pero, sigo despierto.
Entonces, dibujo, en la tierra que pisasteis, vuestros rostros, y sus sonrisas me cosquillean y me desvelo aún más.
En las hojas más próximas al suelo leo todo lo que habéis dejado escrito y recuerdo, recuerdo estos catorce días con sus trece noches, con vosotros treinta y dos, con vuestros seis monitores, con vuestros dos cocineros; cuarenta compañías que no me dejaron ni a sol ni a sombra; hubo un día que se juntaron a mis pies más de doscientas de esas compañías. Inolvidable.
Alguna que otra rama que de vez en cuando se cuela por el albergue os oía hoy recordar lo mejor de lo mejor que habíais vivido estos días a mi lado y dijisteis tantas cosas, tantas cosas buenas, que se me puso la corteza como la piel de la gallina -que no como la del delfín-.
Dio gusto veros recoger vuestra maleta y lo poco que os importaba juntar la ropa limpia con la sucia, cómo enrollábais el saco una y otra vez hasta que acabábais empujándolo en su funda; cómo barríais y volvíais a barrer lo que ya habíais barrido...
Una de esas ramas, la más cercana a la chimenea, me habló de un pollo guisado de chuparse los dedos -claro, la servilleta ya estaba guardada- y una macedonia de frutas de las de tripitir.
Puestos a leer sigo haciéndolo en hojas más altas que me cuentan verdaderas maravillas de un tal Iván, ¡qué desgaste! Su Citroën-Ambulancia trabajó a destajo y a mí me tuvo en vela noche sí y noche también; qué noche la del apéndice (y nada más llegar, a servir el desayuno). El tiempo de los talleres pasaba volando -¿cuántos talleres sabe hacer Susana?- y volando me llegó una carioca con la que yo también jugué hasta que la devolví el último día. Otro que me trajo en jaque fue Mario, ¿qué pasa, que es que no descansa nunca? Aquí no música, aquí sí música.
¿Y María? Trabajar, trabajar y trabajar. (Gracias Paula, gracias Berta).
Me dijo un pajarín que Eva aprobó las prácticas con sobresobresaliente.
Lo de Nedi y Chuso ha sido musho. Tanto, que Nedi terminó con el tronco dolorido.
Desde la copa leo, antes de que os llegue a vosotros, este blog, y suscribo lo que dice. También leía vuestros comentarios y habéis conseguido sacudirme mi aparente fortaleza como si de un viento del norte se tratase.
La nozal que esta noche es incapaz de dormirse quiere deciros buenas noches y que contará a quien aquí se cobije que hubo un año en el que treinta y dos nueces se subieron a su copa y no querían bajarse de ella.