El asalto al castillo acaba de terminar
y con él un viernes la mar de movido.
Viernes que le trajo nueve años a Ismael. Por la mañana jugamos al robaviseras.
Dicen que es uno de los juegos más antiguos del campa.
Desayuno contundente y al tajo.
Después del repaso a las habitaciones
también hubo batida de limpieza (apenas llenamos media bolsa pequeña
de basura).
Disfrutamos de la piscina y regresamos
al albergue distraídos con el montón de cigüeñas que picotean en
los alrededores.
Menudos platos de ensaladilla rusa que
despachamos para comer; la mitad dejaron el plato limpio de adornos y
recibieron una felicitación de cocina.
En el tiempo libre se juegan unas
partidas de tenis de mesa (ping-pong) de altísimo nivel.
Pasó el tiempo justo para darnos un
chapuzón en la piscigu, secar al sol, zamparnos riquísimas galletas
con crema de cacao y vestirnos adecuadamente para una tarde deportiva
en torno al floorball y el voleibol. Se vieron goles y puntos muy
vistosos y una auténtica exhibición por parte del equipo de
monitores. Ducha bien ganada y... REVISIÓN DE CARGOS. Quedó claro
que debemos ponernos las pilas.
Siguiendo la dieta que siguen nuestros
olímpicos cenamos un plato de pasta, un filete de carne y un yogur
natural. Suficiente para atacar el castillo. Mucha imaginación y
muchas risas y hasta hace unos minutos el castillo era un hervidero
de asaltantes enmascarados, totalmente irreconocibles, que poco a
poco han ido entregando sus armas y retirándose a sus aposentos.
Otros puede que pasen la noche en las mazmorras.
