¡Qué lunes! Sí, vale, no fuimos a
una piscina ni a otra, pero nadie lo echó en falta.
Eran casi las diez de la mañana cuando
nos levantamos; una caza con aros fue el aperitivo de un día
olímpico. Al desayuno -¡qué gustazo de bizcochos caseros!- y al
arreglo de habitaciones le siguió un duro cross por La Vega (de
Boñar) y, luego, tres estaciones deportivas (tiro con arco,
baloncesto y floorball).
¡Qué ricas las sobras del domingo!
Contamos cerca de cien tipos distintos de empanada.
Últimas eliminatorias de campeonatos
(de mesa); ahora sólo quedan las finales.
Entre medias algo de colada.
La tarde invitaba a talleres y los dos
que hicimos merecieron la pena. El primero fue de dibujo; dibujo de
comic. El segundo, de moldeado -JümPi¨ng ¨clay-, algo así como
pasta gansa.
Para merendar nos dieron paté que
tenían tapado con una gran tapa negra; los monitores nos dijeron que
ya nos explicarían lo de la tapa negra.
Jugamos un puquitín y subimos a
ducharnos -algunos a regañadientes pues decían que ya se habían
duchado el sábado-.
Cenamos crema de calabacín -había
sido la cena del primer día y aquel día tomamos un platín-, si os
decimos la lista de los que repitieron hoy... Carnina y, de postre,
natillas -caseras, anticaseras y mezcla de las dos-.
Al anochecer nos dieron un brebaje que
seguramente prepararemos cuando lleguemos a casa, brindamos, bebimos
y cuando vimos lo que había en la marmita... ¡aggg!
Pasamos a la SAPO (sala polivalente) y
hablamos con el más allá; una compañera incluso recibió un abrazo
del mismo más allá. Y, por último, en penumbra, supimos el porqué
de las ruinas cercadas del monasterio del prao de las cigüeñas.
Ayer, cansadinos, y hoy, asustadinos
nos fuimos para el saco.
Hasta mañana a todos o... hasta dentro
de un rato.
Menudos comentarios los vuestros. Aquí, un nudín en la garganta. Gracias.
Menudos comentarios los vuestros. Aquí, un nudín en la garganta. Gracias.

