Dos cosas tiene Boñar
que no las tiene León,
el Maragato en la torre
y en la plaza el Negrillón.
Dos vecinos de Boñar, entusiastas de la historia de su pueblo, nos dieron esta mañana una charla sobre la historia de esta localidad y nos enseñaron, como colofón, el interior de la ermita de la Virgen del Rosario a escasos metros de nuestro albergue.
Completamos la sesión histórica con un paseo hasta la fuente termal que hay al norte de Boñar y regresamos por la margen derecha del Porma tras cruzarlo por el puente romano -que no es romano-.
Paramos en los columpios de El Soto y regresamos al Campamento hablando de los spaguettis a la carbonara que nos esperaban.
Por la tarde seguimos las señales de un entretenido rastreo que callejeó toda La Vega.
La revisión de cargos dejó buen sabor de boca. Tanto como el conejo con patatinas, y no digamos nada del flan de huevo.
La velada nocturna dejó algún número desconocido y uno de ellos, el de las prendas, resultó realmente extraordinario.
Hemos vuelto a acostarnos un puquitín tarde y si mañana amanece gris, tal y como parece, nos han dicho que dormiremos algo más (¡Que llueva, que llueva...!)



























