Qué día. Con el montón de cosas que habíamos hecho hasta hoy y el montón de ellas que nos tenían reservadas todavía.
El juego del robaviseras nos desperezó al amanecer. Nos recuperamos del esfuerzo con un desayuno en el que no faltó el pan con mantequilla y mermelada y su correspondiente canción, galletas de tres tipos diferentes, casadielles e incluso nicanores -hojaldres típicos de Boñar-.
Qué pruebas hubimos de pasar en el juego del arca de Noé. Hay testimonio gráfico, pero no sabemos si nos reconoceríamos nosotros mismos. Lo de barro hasta los ojos no es ninguna exageración.
Después del arroz, el vaqueiro y el melón se jugaron las finales de ajedrez y de parchís.
Y… ¡sorpresón! Otro Santi nos acompañó toda la tarde, y toda la tarde la pasamos escalando y rapelando, con arnés de seguridad, doble cuerda, ochos, casco y mosquetones. Qué emocionante. Además, antes de marcharse, él, que le gusta también mucho el fútbol, nos pidió si jugábamos un partido de despedida y, naturalmente, no debíamos fallarle. Otra señora sudada y a la ducha.
Cenamos una carne asada de chuparse los dedos -algunos varias veces- y un arroz con leche de lo mismo.
A continuación, en la SAPO (sala polivalente), hubo sorteo de regalinos y regalinos sin sorteo. Se nombró al equipo que después de dieciséis pruebas ha quedado clasificado en primer lugar -se llevaron una camiseta chulísima- y también a las dos habitaciones más curiosas y ordenadas.
Hubo palabras muy bonitas para cerrar el día -y unas cuantas lágrimas-.
Los chicos de 6º duermen ahorita en tienda de campaña.
¿Y los monitores? Los monitores y cocineros son un grupo maravilloso que se merecen nuestras GRACIAS y, desde luego, también las de quienes os sentís parte de esta historia que empezó con enorme ilusión en el verano de 1990.
Un cariñoso y emocionado abrazo queremos compartir con todos y un imaginario ramo de preciosas jacarandas.